10/6/26

Reclamaciones usando la IA: el Corte Inglés y cómo pedirles ayuda

Hace unas semanas, en el mes de febrero, cometí dos errores de manual. El primero fue acercarme a la mesa de seguros de un gran centro comercial mientras compraba un obsequio para mi madre. El segundo, creer en la palabra de la comercial que me atendió. Me ofrecieron lo que, según ellos, era una simple "propuesta de seguro de hogar y auto sin compromiso". Me aseguraron que bajo ningún concepto aquello implicaba una contratación. Semanas después, tras analizar los precios y rechazar la oferta, mi banco me notificó el cargo de una póliza que yo jamás había firmado.

Tras devolver el recibo, reclamar por los canales oficiales y verme obligado a firmar un documento donde yo "rechazaba" un servicio que nunca había solicitado, el gigante comercial volvió a la carga este mes de junio intentando cobrarme de nuevo la póliza. Ante mi insistencia, la surrealista respuesta de una operadora fue que "el simple hecho de pedir precio de algo ya implica su contratación". Para rematar el despropósito, la única solución que me ofrecieron fue que cogiera mi coche, me desplazara físicamente a su centro comercial y esperara pacientemente mi turno para cancelarlo.

Mi respuesta fue clara: yo no iba a perder mi tiempo por un error fraudulento de su organización. Es ahí donde decidí que la tecnología y la inteligencia artificial debían equilibrar la balanza.


La doctrina "Andy Dufresne" y la parábola de la insistencia


Quienes llevamos años en esto de la soberanía digital sabemos que el ciudadano de a pie a menudo se encuentra indefenso ante los laberintos burocráticos de las grandes corporaciones. En España somos muy dados a gritar y montar un espectáculo en el momento, pero carecemos de la paciencia necesaria para la queja formal y persistente. Da pereza, consume tiempo y rara vez parece surtir efecto.

Sin embargo, siempre he creído en la insistencia brutal. En la película Cadena Perpetua (basada en la novela corta de Stephen King), el protagonista, Andy Dufresne, consigue dotar de libros a la precaria biblioteca de la cárcel enviando cartas semanales sin parar al parlamento. Tras años de insistencia, le envían una partida de libros y un cheque pensando que así se callaría; su respuesta fue empezar a enviar dos cartas por semana.

El ser humano suele ceder ante el insistente simplemente para que deje de ser un pesado. Si no tienes poder, ni influencia, ni dinero, a veces tu única arma es tu santísima insistencia.

Ya utilicé esta estrategia hace años contra un Foster's Hollywood que se negaba a facilitar hojas de reclamaciones, recurriendo a Consumo hasta que fueron sancionados. También contra una junta municipal madrileña para lograr la correcta señalización e iluminación de una zona pública, inundando a correos no solo al responsable directo, sino también a la oposición, a la Comunidad de Madrid y a departamentos colaterales. Si consigues cansar a los que rodean al culpable, sus propios compañeros le dirán: "Oye, atiende a este hombre, que nos está dando la paliza a todos".


Automatizando la justicia con Gemini y Codex


Para esta ocasión, decidí elevar el listón y automatizar el proceso para no consumir mi propio tiempo. Si ellos pretenden desgastarme a mí, yo voy a saturar sus bandejas de entrada utilizando herramientas de Inteligencia Artificial.

El flujo de trabajo ha sido el siguiente:

  • Fase de investigación (Deep Research): Utilicé Gemini para realizar una búsqueda profunda en la red de todas las cuentas de correo electrónico corporativas vinculadas al grupo empresarial y sus asociados. No me limité a atención al cliente: recopilé direcciones de facturación, protección de datos, inversores, delegaciones técnicas e incluso sucursales en Portugal.

  • Gestión de datos: Volqué toda esta lista de direcciones en un documento de Google Sheets.

  • Automatización del envío con Codex: Utilizando Codex (OpenAI), programé un script para automatizar el envío masivo e individualizado. El sistema redactó el correo de queja, adjuntó las pruebas digitalizadas (los cargos del banco, las comunicaciones previas) y ejecutó el envío uno a uno, registrando en el propio documento el estado del envío, la fecha y la hora exacta.

En el tiempo en que me ha tomado preparar este artículo, el script ha enviado con éxito 37 correos electrónicos formalizados a los puntos neurálgicos de la compañía. Mientras escribo esto, mi bandeja de entrada ya está recibiendo las primeras respuestas automatizadas y rebotes de servidores que confirman que la reclamación está indexada en sus sistemas.


El siguiente paso: Vías legales y soberanía del consumidor


El "derecho al pataleo" digital es útil para visibilizar el problema y generar fricción en la empresa, pero debe acompañarse de medidas legales. El siguiente paso en mi hoja de ruta es acudir a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) utilizando mi certificado digital para denunciar un uso fraudulento y no consentido de mis datos personales, además de formalizar la correspondiente reclamación en la oficina de Consumo.

La moraleja de esta historia es que no debemos conformarnos ni asumir los abusos corporativos como "pequeños inconvenientes" de la vida moderna. Hoy en día, gracias a los modelos de lenguaje y la automatización, los ciudadanos tenemos herramientas para defendernos de manera eficiente, elegante y, sobre todo, implacable.

Os mantendré informados de los avances en los próximos podcasts de Vidas en Red. Como siempre, si os habéis visto en una situación similar con grandes superficies o servicios de reformas subcontratados, os leo en los comentarios.


Enlaces de interés y referencias: